canallon
19-03-2002, 10:48 AM
Para que el pasquín "El Mundo" publicara una nota que no obedeciera a la línea antiisraelí/antisemita que lo caracteriza, debería ocurrir lo que aconteció.
A una personalidad indiscutida por su solvencia cutural y moral como Marcos Aguinis no se le podía negar publicar una opinión como la que transcribo a continuación y con la que coincido plenamente.
Saludos desde Rosario, Argentina
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******************************************
>Para leer y recordar.
>
>TRIBUNA LIBRE
>EL ALZHEIMER DEL PUEBLO PALESTINO
>
>MARCOS AGUINIS
>
>Un chiste macabro dice que la enfermedad de Alzheimer brinda un gran
>beneficio: sólo permite conocer gente nueva... Pero causa el enorme daño de
>borrar la propia historia. Y esto no es un chiste. La tragedia palestina,
>al marginar la Historia, obtura sus vías de solución. Se ha dicho que los
>palestinos «no pierden la oportunidad de perder la oportunidad». Y esto es
>así porque no recuerdan sus propios errores y, en consecuencia, no
>advierten que pueden hallar su independencia y prosperidad a la vuelta de
>la esquina.
>
>¿Qué cosas tan importantes han olvidado? Por razones de espacio, sólo puedo
>brindar una síntesis.
>
>Al terminar la II Guerra Mundial, Palestina estaba bajo el mandato colonial
>de Gran Bretaña. La comunidad judía profundizó su lucha emancipadora
>porque, desde finales del siglo XIX, venía construyendo su Estado y no
>aceptaba algo que no fuera la independencia. Había fundado centenares de
>kibutz, escuelas, hospitales, caminos, granjas, teatros, forestó yermos,
>canalizó el agua y hasta edificó Tel Aviv sobre dunas de arena. Creó la
>primera universidad, la primera orquesta sinfónica y el primer instituto
>científico de Oriente Próximo. Tenía aparato administrativo y Fuerzas de
>Defensa. Gran Bretaña, que contaba con el apoyo de la comunidad árabe de
>Palestina y de la Liga Árabe que ella misma había ayudado a fundar, elevó
>el problema a las Naciones Unidas con la esperanza de que condenasen las
>pretensiones judías y pudiese continuar su mandato.
>
>Se formó un comité integrado por países neutrales que recomendó el fin del
>tiempo colonial británico y la partición de Palestina en dos estados: uno
>árabe y otro judío. Las fronteras del Estado judío fueron dibujadas según
>las poblaciones predominantemente judías y el resto fue adjudicado al
>Estado árabe. Ambos se mantendrían unidos por cruces territoriales y la
>complementación económica.
>
>¿Qué pasó? Los judíos aceptaron el veredicto. Aunque no se les hacía un
>regalo porque Israel ya existía gracias al sudor de sus habitantes , se
>legitimaba su anhelo de soberanía. Los árabes, en cambio, rechazaron la
>oferta y proclamaron su intención de arrojar a todos los judíos al mar. En
>efecto, apenas Israel proclamó su independencia, siete ejércitos árabes
>violaron la decisión de las Naciones Unidas y se arrojaron sobre el exiguo
>territorio. Los judíos carecían de armas: nadie se las vendía porque
>consideraban imposible que pudiesen sobrevivir. El único país que accedió a
>proporcionárselas fue Checoslovaquia porque suponía que el socialismo del
>flamante estado lo llevaría a la órbita soviética.
>
>En conclusión, si la agresión árabe hubiese triunfado, no existiría Israel.
>Pero la Historia fue distinta. La guerra la quisieron y forzaron los
>árabes, no Israel. Y perdieron. Ahí comenzó la tragedia palestina. Por
>culpa de sus dirigentes. De haber actuado con sensatez, en 1947 ya hubieran
>tenido su Estado propio.
>
>Luego de la derrota, los países vencidos se apoderaron de lo que quedaba de
>Palestina. Gaza pasó a ser administrada por Egipto y Cisjordania fue
>anexada al reino de Transjordania, que cambió su nombre por Jordania. En
>consecuencia, los territorios que hubieran correspondido al Estado árabe
>palestino fueron devorados por esos dos países, no por Israel. Pero durante
>18 años ni una sola voz egipcia, jordana o palestina reclamó convertirlos
>en un Estado independiente con Jerusalén Este de capital. Jerusalén Este
>había quedado en manos jordanas, pero no fue convertida en su capital ni
>fue a visitarla ningún jefe de Estado árabe; era un villorrio marginal
>donde, eso sí, se destruyeron las centenarias sinagogas, se arrancaron
>lápidas del Monte de los Olivos para construir letrinas y se prohibió el
>acceso de los judíos al Muro de las Lamentaciones.
>
>Los palestinos perdieron otra vez la oportunidad de proclamar su Estado en
>Gaza y Cisjordania. Llegó el año 1967. Los Estados árabes, impulsados por
>el entonces presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser, decidieron terminar
>con Israel. Bloquearon el Golfo de Akaba y exigieron el retiro de las
>tropas de Naciones Unidas que evitaban el encontronazo de los enemigos.
>Pese a los desesperados ruegos de Israel, las Naciones Unidas se marcharon
>y dejaron libre la ruta de la matanza. Pero Israel, que no tenía vocación
>suicida, no esperó a que fuera demasiado tarde, a que la mano del verdugo
>lo agarrase del cuello. Estalló la Guerra de los Seis Días. La victoria
>israelí fue impresionante. Pero no cambió la realidad: Israel seguía siendo
>un pequeño Estado en medio del océano árabe. En consecuencia, tendió la
>mano a sus enemigos y ofreció negociaciones de paz que incluían la
>devolución de territorios. Los líderes árabes se reunieron en Jartum para
>dar su respuesta. Y la respuesta fueron los arrogantes y famosos Tres Noes:
>no al reconocimiento, no a las negociaciones y no a la paz con el Estado de
>Israel.
>
>Los palestinos volvieron a perder esa oportunidad. Ahora olvidan que un
>halcón como Menahem Begin, para obtener la paz con Egipto, le reintegró
>generosamente hasta el último grano de arena del Sinaí. Y que además le
>obsequió pozos petrolíferos, rutas, aeropuertos, los complejos turísticos
>de Taba y Sharm El Sheik, desmantelando incluso la ciudad judía de Yamit,
>construida entre Gaza y el Sinaí. Vale la pena recordar que quien estuvo a
>cargo de la penosa tarea de sacar a los colonos israelíes de la península
>fue el entonces general Ariel Sharon.
>
>Debo obviar otros hechos para referirme a la última, magnífica y ya
>olvidada oportunidad desperdiciada. Sucedió en Camp David II. El primer
>ministro israelí, Ehud Barak, más pacifista que Rabin, le ofreció a la
>Autoridad Nacional Palestina todo lo que pretendía (menos la
>autodestrucción, por supuesto). Arafat replicaba con un monocorde no.
>Clinton le reprochó, irritado: «Basta de decir no: haga sus propias
>propuestas». No las hubo. No las hubo porque hubieran conducido a la paz.
>
>El líder israelí volvió triste: había ofrecido sin resultado mucho más de
>lo que su pueblo aceptaría. Arafat volvió alegre porque continuaría la
>guerra que lo mantiene en la primera página de los diarios de todo el
>mundo. Su vida de combatiente le otorga más laureles que la aburrida
>administración de un país. Era obvio que pocos días después iba a lanzar la
>segunda, innecesaria y criminal Intifada.
>
>Digámoslo sin cobardía: entre la creación de un Estado palestino pacífico y
>la promocionada Intifada, ¡Arafat eligió la Intifada! Si ahora no existe un
>Estado palestino independiente es por voluntad de la dirigencia palestina,
>no de Israel. Hay que denunciar esta verdad simple y dura. De lo contrario,
>se ahondará en la estéril tragedia que enluta a Oriente Próximo y demora
>una solución que está al alcance de la mano.
>
>La enfermedad de Alzheimer impide recordar que esta Intifada fue decidida
>antes de Camp David, como confesó el ministro palestino de Comunicaciones.
>No estalló contra Sharon, que ni siquiera era ministro, sino contra el
>pacifista Barak, quien durante los cinco meses que le quedaban en el
>Gobierno recurrió a todas las declaraciones y negociaciones posibles,
>directas e indirectas, para que cesara la violencia y continuara el proceso
>de paz. No hubo caso, no hubo un solo día sin ataques palestinos y el
>efecto inevitable fue el triunfo electoral del primer ministro Ariel
>Sharon.
>
>Desde hace décadas, en Israel actúa el Movimiento Paz Ahora, que dinamiza a
>un millón de adherentes. ¿Qué movimiento por la paz existe entre los
>palestinos? No pido que reúnan 100.000, ni 10.000. ¡Me conformaría con sólo
>1.000! Pero eso no es posible porque su dirigencia ha estimulado la pérdida
>de la memoria y un desmesurado crecimiento del odio. Los palestinos,
>después de cada nueva frustración, se dedican a matar judíos. «Habrá paz»,
>dijo Golda Meir, «cuando amen a sus hijos más de lo que nos odian a
>nosotros». Esta también es una simple y dolorosa verdad.
>
>Marcos Aguinis es escritor y ganador del Premio Planeta con la novela "La
>cruz invertida".
>
>(Extraída de elmundo.es (http://www.elmundo.es)
A una personalidad indiscutida por su solvencia cutural y moral como Marcos Aguinis no se le podía negar publicar una opinión como la que transcribo a continuación y con la que coincido plenamente.
Saludos desde Rosario, Argentina
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>Para leer y recordar.
>
>TRIBUNA LIBRE
>EL ALZHEIMER DEL PUEBLO PALESTINO
>
>MARCOS AGUINIS
>
>Un chiste macabro dice que la enfermedad de Alzheimer brinda un gran
>beneficio: sólo permite conocer gente nueva... Pero causa el enorme daño de
>borrar la propia historia. Y esto no es un chiste. La tragedia palestina,
>al marginar la Historia, obtura sus vías de solución. Se ha dicho que los
>palestinos «no pierden la oportunidad de perder la oportunidad». Y esto es
>así porque no recuerdan sus propios errores y, en consecuencia, no
>advierten que pueden hallar su independencia y prosperidad a la vuelta de
>la esquina.
>
>¿Qué cosas tan importantes han olvidado? Por razones de espacio, sólo puedo
>brindar una síntesis.
>
>Al terminar la II Guerra Mundial, Palestina estaba bajo el mandato colonial
>de Gran Bretaña. La comunidad judía profundizó su lucha emancipadora
>porque, desde finales del siglo XIX, venía construyendo su Estado y no
>aceptaba algo que no fuera la independencia. Había fundado centenares de
>kibutz, escuelas, hospitales, caminos, granjas, teatros, forestó yermos,
>canalizó el agua y hasta edificó Tel Aviv sobre dunas de arena. Creó la
>primera universidad, la primera orquesta sinfónica y el primer instituto
>científico de Oriente Próximo. Tenía aparato administrativo y Fuerzas de
>Defensa. Gran Bretaña, que contaba con el apoyo de la comunidad árabe de
>Palestina y de la Liga Árabe que ella misma había ayudado a fundar, elevó
>el problema a las Naciones Unidas con la esperanza de que condenasen las
>pretensiones judías y pudiese continuar su mandato.
>
>Se formó un comité integrado por países neutrales que recomendó el fin del
>tiempo colonial británico y la partición de Palestina en dos estados: uno
>árabe y otro judío. Las fronteras del Estado judío fueron dibujadas según
>las poblaciones predominantemente judías y el resto fue adjudicado al
>Estado árabe. Ambos se mantendrían unidos por cruces territoriales y la
>complementación económica.
>
>¿Qué pasó? Los judíos aceptaron el veredicto. Aunque no se les hacía un
>regalo porque Israel ya existía gracias al sudor de sus habitantes , se
>legitimaba su anhelo de soberanía. Los árabes, en cambio, rechazaron la
>oferta y proclamaron su intención de arrojar a todos los judíos al mar. En
>efecto, apenas Israel proclamó su independencia, siete ejércitos árabes
>violaron la decisión de las Naciones Unidas y se arrojaron sobre el exiguo
>territorio. Los judíos carecían de armas: nadie se las vendía porque
>consideraban imposible que pudiesen sobrevivir. El único país que accedió a
>proporcionárselas fue Checoslovaquia porque suponía que el socialismo del
>flamante estado lo llevaría a la órbita soviética.
>
>En conclusión, si la agresión árabe hubiese triunfado, no existiría Israel.
>Pero la Historia fue distinta. La guerra la quisieron y forzaron los
>árabes, no Israel. Y perdieron. Ahí comenzó la tragedia palestina. Por
>culpa de sus dirigentes. De haber actuado con sensatez, en 1947 ya hubieran
>tenido su Estado propio.
>
>Luego de la derrota, los países vencidos se apoderaron de lo que quedaba de
>Palestina. Gaza pasó a ser administrada por Egipto y Cisjordania fue
>anexada al reino de Transjordania, que cambió su nombre por Jordania. En
>consecuencia, los territorios que hubieran correspondido al Estado árabe
>palestino fueron devorados por esos dos países, no por Israel. Pero durante
>18 años ni una sola voz egipcia, jordana o palestina reclamó convertirlos
>en un Estado independiente con Jerusalén Este de capital. Jerusalén Este
>había quedado en manos jordanas, pero no fue convertida en su capital ni
>fue a visitarla ningún jefe de Estado árabe; era un villorrio marginal
>donde, eso sí, se destruyeron las centenarias sinagogas, se arrancaron
>lápidas del Monte de los Olivos para construir letrinas y se prohibió el
>acceso de los judíos al Muro de las Lamentaciones.
>
>Los palestinos perdieron otra vez la oportunidad de proclamar su Estado en
>Gaza y Cisjordania. Llegó el año 1967. Los Estados árabes, impulsados por
>el entonces presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser, decidieron terminar
>con Israel. Bloquearon el Golfo de Akaba y exigieron el retiro de las
>tropas de Naciones Unidas que evitaban el encontronazo de los enemigos.
>Pese a los desesperados ruegos de Israel, las Naciones Unidas se marcharon
>y dejaron libre la ruta de la matanza. Pero Israel, que no tenía vocación
>suicida, no esperó a que fuera demasiado tarde, a que la mano del verdugo
>lo agarrase del cuello. Estalló la Guerra de los Seis Días. La victoria
>israelí fue impresionante. Pero no cambió la realidad: Israel seguía siendo
>un pequeño Estado en medio del océano árabe. En consecuencia, tendió la
>mano a sus enemigos y ofreció negociaciones de paz que incluían la
>devolución de territorios. Los líderes árabes se reunieron en Jartum para
>dar su respuesta. Y la respuesta fueron los arrogantes y famosos Tres Noes:
>no al reconocimiento, no a las negociaciones y no a la paz con el Estado de
>Israel.
>
>Los palestinos volvieron a perder esa oportunidad. Ahora olvidan que un
>halcón como Menahem Begin, para obtener la paz con Egipto, le reintegró
>generosamente hasta el último grano de arena del Sinaí. Y que además le
>obsequió pozos petrolíferos, rutas, aeropuertos, los complejos turísticos
>de Taba y Sharm El Sheik, desmantelando incluso la ciudad judía de Yamit,
>construida entre Gaza y el Sinaí. Vale la pena recordar que quien estuvo a
>cargo de la penosa tarea de sacar a los colonos israelíes de la península
>fue el entonces general Ariel Sharon.
>
>Debo obviar otros hechos para referirme a la última, magnífica y ya
>olvidada oportunidad desperdiciada. Sucedió en Camp David II. El primer
>ministro israelí, Ehud Barak, más pacifista que Rabin, le ofreció a la
>Autoridad Nacional Palestina todo lo que pretendía (menos la
>autodestrucción, por supuesto). Arafat replicaba con un monocorde no.
>Clinton le reprochó, irritado: «Basta de decir no: haga sus propias
>propuestas». No las hubo. No las hubo porque hubieran conducido a la paz.
>
>El líder israelí volvió triste: había ofrecido sin resultado mucho más de
>lo que su pueblo aceptaría. Arafat volvió alegre porque continuaría la
>guerra que lo mantiene en la primera página de los diarios de todo el
>mundo. Su vida de combatiente le otorga más laureles que la aburrida
>administración de un país. Era obvio que pocos días después iba a lanzar la
>segunda, innecesaria y criminal Intifada.
>
>Digámoslo sin cobardía: entre la creación de un Estado palestino pacífico y
>la promocionada Intifada, ¡Arafat eligió la Intifada! Si ahora no existe un
>Estado palestino independiente es por voluntad de la dirigencia palestina,
>no de Israel. Hay que denunciar esta verdad simple y dura. De lo contrario,
>se ahondará en la estéril tragedia que enluta a Oriente Próximo y demora
>una solución que está al alcance de la mano.
>
>La enfermedad de Alzheimer impide recordar que esta Intifada fue decidida
>antes de Camp David, como confesó el ministro palestino de Comunicaciones.
>No estalló contra Sharon, que ni siquiera era ministro, sino contra el
>pacifista Barak, quien durante los cinco meses que le quedaban en el
>Gobierno recurrió a todas las declaraciones y negociaciones posibles,
>directas e indirectas, para que cesara la violencia y continuara el proceso
>de paz. No hubo caso, no hubo un solo día sin ataques palestinos y el
>efecto inevitable fue el triunfo electoral del primer ministro Ariel
>Sharon.
>
>Desde hace décadas, en Israel actúa el Movimiento Paz Ahora, que dinamiza a
>un millón de adherentes. ¿Qué movimiento por la paz existe entre los
>palestinos? No pido que reúnan 100.000, ni 10.000. ¡Me conformaría con sólo
>1.000! Pero eso no es posible porque su dirigencia ha estimulado la pérdida
>de la memoria y un desmesurado crecimiento del odio. Los palestinos,
>después de cada nueva frustración, se dedican a matar judíos. «Habrá paz»,
>dijo Golda Meir, «cuando amen a sus hijos más de lo que nos odian a
>nosotros». Esta también es una simple y dolorosa verdad.
>
>Marcos Aguinis es escritor y ganador del Premio Planeta con la novela "La
>cruz invertida".
>
>(Extraída de elmundo.es (http://www.elmundo.es)